Ancash:

Huascarán de Áncash y la importancia de impulsar el turismo desde el Congreso

Huascarán de Áncash y la importancia de impulsar el turismo desde el Congreso

Por: Mary Melgarejo

Huascarán de Áncash

Desde mi mirada ancashina, explico por qué el Parque Nacional Huascarán es más que un destino: identidad, economía local y futuro. Planteo cómo el Congreso puede impulsar un turismo sostenible, seguro y competitivo para Áncash sin perder lo esencial: proteger para crecer. Cuando pronuncio “Huascarán”, no hablo solo del nevado más alto del Perú. Hablo de una memoria colectiva que respira en la Cordillera Blanca, de familias que viven del movimiento de visitantes, de jóvenes que sueñan con oportunidades sin migrar y de una responsabilidad política que no podemos postergar. Como mujer de Áncash, sostengo algo con claridad: si el turismo es desarrollo, entonces también debe ser prioridad desde el Congreso, con decisiones concretas y con presencia real del Estado.

Huascarán: orgullo natural y compromiso internacional

El Parque Nacional Huascarán no necesita presentación para quienes nacimos mirando sus cumbres, pero sí necesita que el país lo trate como el activo estratégico que es. Su reconocimiento como Patrimonio Mundial no es una etiqueta decorativa; es un compromiso internacional y nacional que debemos honrar con acciones coherentes y sostenidas. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) reconoce su valor excepcional, su biodiversidad y el marco de protección que lo respalda.

Cuando un patrimonio de esta magnitud se descuida, no solo pierde Áncash, pierde el Perú. Porque el Huascarán es un destino que puede seguir atrayendo viajeros del mundo, pero también es una fuente de agua, de equilibrio ecológico y de identidad. El Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP) describe al parque como un espacio de montañas nevadas, lagunas altoandinas y oportunidades para actividades de naturaleza y aventura.

Turismo en Áncash: empleo, emprendimiento y orgullo local

En Áncash, el turismo no es un lujo; es una economía que puede ser más inclusiva y más sólida si se impulsa con orden y visión. Pienso en guías, arrieros, transportistas, artesanas, productores locales, hospedajes familiares y restaurantes que dependen de temporadas altas y bajas. Pienso también en el enorme potencial de articular rutas que conecten naturaleza, cultura y gastronomía, de manera responsable, sin saturar ecosistemas ni improvisar servicios. Pero la belleza por sí sola no garantiza progreso. Un destino compite cuando ofrece accesibilidad, seguridad, señalización, formalización y calidad. Y aquí aparece lo que muchas veces se evita: la falta de inversión pública sostenida y la débil coordinación entre instituciones. Cuando no se cuida una carretera, cuando la atención al visitante es improvisada, cuando no hay señalización clara o se tolera el desorden, perdemos visitantes, ingresos y reputación.

Yo quiero un turismo que no “pase” por Áncash, sino uno que se quede, recomiende y regrese. Un turismo que respete al visitante, pero que, sobre todo, respete a nuestra gente.

El rol del Congreso: decisiones, presupuesto y control para que el turismo funcione

Desde el Congreso se puede impulsar el turismo con acciones muy concretas que no dependen de discursos. Lo primero es que el turismo debe reflejarse en prioridades nacionales y en presupuesto con metas claras. Cuando el país dice que el turismo es importante, eso debe verse en recursos para conectividad vial, seguridad, promoción, capacitación y mejora de servicios. También es fundamental que el Congreso ejerza un rol firme de seguimiento y exigencia: convocar a autoridades responsables, pedir informes con resultados y asegurar que los programas para turismo, infraestructura y conservación no se queden en papeles. En zonas como las que rodean al Huascarán, no basta con anunciar, hay que cumplir. Y cumplir significa ejecutar obras, mantenerlas, medir impacto y corregir lo que no funciona. Además, es clave impulsar un entorno amigable para el emprendedor local, sin trabas innecesarias. La formalidad abre puertas a financiamiento, seguros, alianzas y mejora de calidad, pero si el camino para formalizarse es lento y caro, se empuja a la gente a la informalidad. Mi mirada es clara: el Estado debe ser aliado del pequeño negocio turístico, no su primer obstáculo.

Turismo sostenible: proteger para crecer

Yo defiendo un enfoque simple: proteger es también crecer. El mundo ya no premia a los destinos improvisados; premia a los destinos serios, que cuidan sus recursos y respetan a sus comunidades. Y el Huascarán, por su reconocimiento internacional y su riqueza natural, puede liderar ese modelo en el Perú.

Sostenibilidad significa educación ambiental para visitantes y operadores, manejo real de residuos, seguridad en rutas y lagunas, y respeto a las normas del área natural protegida. Significa también formación para nuestros jóvenes en oficios turísticos, idiomas y atención al visitante, para que el empleo no sea temporal ni precario. Si el turismo crece sin orden, se convierte en amenaza; si crece con planificación, se convierte en futuro.

Cuando una familia ancashina logra vivir bien del turismo, se fortalece el arraigo, se reduce la migración forzada y se dinamiza la economía local. Eso también es justicia territorial.

Mi compromiso con Áncash: poner al Huascarán en el centro

He aprendido que el Congreso puede acelerar cambios cuando escucha a la región y entiende el territorio. Mi compromiso con Áncash pasa por impulsar una mirada estratégica: convertir al Huascarán en símbolo de turismo sostenible del Perú, con inversión responsable y resultados verificables, sin promesas vacías.

El Huascarán no es solo una postal. Es una oportunidad histórica para demostrar que sí se puede hacer política pública que proteja, genere empleo y eleve la calidad de vida, empezando por quienes viven cerca del parque y sostienen la actividad turística día a día. Yo seguiré insistiendo en lo urgente: que el turismo de Áncash no sea un discurso bonito, sino una decisión nacional que se vea en carreteras mantenidas, seguridad, capacitación, promoción y respeto por nuestro patrimonio natural.