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Ingenieros en Perú: cuando una norma limita más de lo que ayuda

Ingenieros en Perú: cuando una norma limita más de lo que ayuda

Por: Mary Melgarejo

ingenieros en Perú supervisando obras públicas y enfrentando restricciones laborales en construcción

Ingenieros en Perú. Profesionales que sostienen el desarrollo del país, que están detrás de carreteras, hospitales, colegios y obras que conectan regiones. Sin embargo, hoy enfrentan una restricción que, aunque nació con una buena intención, en la práctica ha terminado generando más problemas que soluciones.

Desde el 2017, una normativa establece que un ingeniero que supervisa una obra pública debe hacerlo con dedicación exclusiva. Es decir, no puede asumir más de un proyecto al mismo tiempo. Sobre el papel, la idea apunta a garantizar calidad y control. Pero cuando se traslada a la realidad, aparecen las limitaciones.

Porque no todas las obras son iguales. No todas requieren presencia permanente. Y no todos los ingenieros tienen las mismas capacidades ni experiencias. Tratar todos los casos bajo una misma regla termina siendo, en el mejor de los casos, ineficiente; en el peor, injusto.

Una regulación que no distingue contextos

El principal problema de esta normativa es su rigidez. No distingue entre una obra de gran envergadura que exige supervisión constante y un proyecto más pequeño que puede gestionarse con visitas programadas.

Esa falta de diferenciación limita la posibilidad de que los ingenieros en Perú organicen su trabajo de manera eficiente. En lugar de aprovechar su capacidad técnica, se les obliga a ajustarse a una estructura única, que no siempre se alinea con la realidad del campo.

Además, esta rigidez tiene efectos directos en el mercado laboral. Menos proyectos por profesional significa menos ingresos, menos dinamismo y menos oportunidades para quienes buscan desarrollarse en el sector.

Y aquí aparece una consecuencia que no siempre se menciona, pero que pesa: el temor a las sanciones.

Cuando la presencia pesa más que el resultado

En el sistema actual, no basta con hacer bien el trabajo. También hay que demostrar presencia constante.

Si durante una inspección el ingeniero no es encontrado en el momento exacto en campo, puede enfrentar observaciones que incluso escalen a sanciones por parte de los órganos de control. Esto genera una lógica que vale la pena cuestionar: se prioriza la presencia física por encima del resultado técnico.

Y no es que la supervisión no sea importante. Lo es, y mucho. Pero medir la calidad del trabajo únicamente en función de si alguien estuvo o no en un punto específico en determinado momento es una simplificación que no refleja la complejidad del trabajo profesional.

El resultado es un sistema que empuja a los ingenieros a cumplir con la forma, más que con el fondo.

Una comparación que invita a reflexionar

Si miramos otras profesiones, el contraste es evidente.

Un médico puede atender en distintos centros de salud. Un docente puede enseñar en varias instituciones. Un abogado puede llevar múltiples casos al mismo tiempo. En todos esos casos, lo que se evalúa es el resultado del trabajo, no la exclusividad absoluta.

Entonces surge una pregunta razonable: ¿por qué los ingenieros en Perú deben trabajar bajo un esquema distinto? No se trata de decir que todas las profesiones son iguales, pero sí de reconocer que la flexibilidad, cuando está bien regulada, no reduce la calidad. Al contrario, puede mejorarla al permitir una mejor distribución del talento.

El costo invisible para el país

A veces este tipo de normas se analizan solo desde el impacto en el profesional, pero hay un efecto más amplio que vale la pena considerar.

Cuando se limita la capacidad de trabajo de los ingenieros, también se limita la velocidad a la que se ejecutan las obras. En un país donde aún existen brechas importantes en infraestructura, esto no es un detalle menor. Carreteras que tardan más en construirse, proyectos que avanzan lentamente, recursos que no se aprovechan al máximo. Todo eso termina afectando directamente a los ciudadanos.

Porque detrás de cada obra hay algo concreto: acceso, conectividad, servicios básicos. Y cuando una norma retrasa eso, el impacto se siente.

Propuesta: supervisión con criterios técnicos, no rígidos

Frente a esta realidad, la propuesta es clara: revisar la normativa vigente para permitir que los ingenieros en Perú puedan supervisar más de una obra cuando sea técnicamente viable.

No se trata de eliminar controles ni de reducir estándares. Se trata de introducir criterios que reflejen mejor la realidad del trabajo.

Esto implica considerar factores como la complejidad de la obra, la carga de trabajo real y la experiencia del profesional. También abre la posibilidad de incorporar modalidades de supervisión parcial o esquemas flexibles que mantengan la calidad sin imponer restricciones innecesarias.

En términos simples, se trata de pasar de una lógica rígida a una lógica técnica.

Más eficiencia, mejores resultados

Un sistema más flexible no solo beneficia a los ingenieros. También mejora la eficiencia del sector.

Permitir que un profesional supervise más de un proyecto, cuando es viable, puede acelerar la ejecución de obras, optimizar recursos y mejorar la coordinación en campo. Esto no significa trabajar más por trabajar, sino trabajar mejor.

Además, genera un entorno más dinámico, donde el talento se aprovecha de manera más efectiva. En lugar de tener profesionales limitados por norma, se tiene un sistema que reconoce capacidades. Y eso, en un país que necesita crecer, marca una diferencia.

Confianza y responsabilidad profesional

Toda reforma de este tipo plantea una cuestión de fondo: la confianza. ¿Confiamos en nuestros profesionales para ejercer su trabajo con responsabilidad?

La respuesta debería ser sí, pero con reglas claras. Con mecanismos de supervisión que evalúen resultados, no solo presencia. Con sistemas que detecten problemas reales, no situaciones formales.

La confianza no significa ausencia de control. Significa control inteligente.Y en el caso de los ingenieros en Perú, eso implica reconocer que su trabajo va más allá de estar en un lugar en un momento determinado.

Modernizar sin perder el control

Es importante decirlo con claridad: modernizar la normativa no implica debilitarla. El objetivo no es reducir la fiscalización, sino hacerla más efectiva. Un sistema que evalúa resultados, calidad y cumplimiento técnico es mucho más sólido que uno que se basa únicamente en la presencia.

Esto requiere ajustes, sí. Requiere criterios más finos, herramientas de seguimiento y una mirada más actualizada sobre cómo se desarrolla el trabajo profesional. Pero es un cambio necesario.

Una oportunidad para destrabar el desarrollo

El Perú tiene un enorme potencial en infraestructura. Hay proyectos pendientes, necesidades urgentes y una demanda constante por mejores servicios. En ese contexto, cada decisión normativa cuenta.

Permitir que los ingenieros en Perú trabajen con mayor flexibilidad no es solo una medida laboral. Es una oportunidad para destrabar proyectos, acelerar procesos y aprovechar mejor el talento disponible. Es, en el fondo, una decisión de desarrollo.

Conclusión: menos limitaciones, más construcción

Los ingenieros en Perú no necesitan menos exigencia. Necesitan mejores reglas. Reglas que reconozcan la diversidad de proyectos, la experiencia profesional y la realidad del trabajo en campo. Reglas que permitan hacer más, sin perder calidad.

Porque cuando se libera la capacidad de quienes construyen el país, se generan más oportunidades, más obras y mejores resultados. El objetivo es claro: pasar de un sistema que limita a uno que impulsa. De una lógica rígida a una técnica. De la restricción a la oportunidad. Y ese cambio, aunque pueda parecer específico, tiene un impacto mucho más amplio.

Porque al final, no se trata solo de ingenieros. Se trata de cómo construimos el país.

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